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Milla y el farolillo mágico

Cuando Milla llega hoy a la guardería, todavía no es de día del todo. Son poco más de las siete y, como siempre, es la primera en llegar. Su mamá trabaja de enfermera y tiene que irse pronto de casa. Milla va bostezando mientras se acerca a Saskia. "¡Buenos días, lironcete!", la saluda la educadora. La mamá de Milla se ríe: "Sí, es que ayer se nos hizo un poco tarde". "De todas formas, aún no se ha hecho de día del todo, no es extraño tener un poco de sueño", le responde Saskia. Milla le da un beso a su mamá y le dice adiós con la mano.

"Ven, Milla, vamos a prepararlo todo para nuestro proyecto de manualidades. Vamos a hacer unos farolillos para decorar las ventanas". "¡Uau, sí!", grita Milla, que de repente se siente ya un poco más despierta. A Milla le dejan llevar una caja con velas de colores a la mesa de manualidades. Saskia coloca una pila de papel blanco al lado. "¿Y cómo lo haremos? No se puede hacer un farol sólo con velas y papel, ¿verdad?", pregunta Milla. "Más tarde encenderemos una vela y entonces podrás hacer que gotee la cera en el papel, con mucho cuidado", le explica Saskia. "Puedes ir haciéndolo con diferentes colores. Y cuando se seque la cera y coloques el papel en la ventana, verás qué bonito queda con la luz". Milla está realmente intrigada.

Poco a poco van llegando los demás niños. Milla les cuenta la manualidad que van a hacer hoy con Saskia y todos se ponen muy contentos. Solo Mali parece tristona y cansada. "¿Qué te pasa?", le pregunta Milla. "He soñado con un monstruo horripilante", le responde Mali. "Se escondía debajo de mi cama y salía gateando cuando se hacía de noche. Pero yo lo sabía. Mi mamá tenía ayer reunión de padres y madres en el cole, mi papá estaba de viaje por trabajo y la abuela no pudo venir porque tenía tos. Así que me acostó mi hermana mayor. Lena tiene ya 9 años, así que se puede encargar. Pero, claro, no vio el monstruo de mi pesadilla." "¿Y volvió pronto tu mamá?", preguntó Milla. "Sí, bastante, pero el monstruo seguía allí", le respondió Mali.

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"Cuando se cambió de casa mi papá, yo también tenía siempre pesadillas", le cuenta Milla. "Pero entonces me hizo un regalo para que tuviese luz por la noche: era una luciérnaga que iluminaba un poquito. Eso me hizo ver que él me quiere mucho aunque ya no viva con nosotras." "¿De verdad? ¿Una luciérnaga para que tengas luz por la noche? ¡Me encanta!", exclamó Mali. "¿Sabes qué? Hasta que tengas una lamparilla de noche, podríamos hacerte un farolillo mágico", le propuso Milla. "La decoración para la ventana que quiere hacer Saskia con nosotros no dará luz por la noche, pero igual te ayuda. ¿La hacemos juntas?", le preguntó Milla. Mali asintió y se pusieron manos a la obra después del recreo.

A Milla y a Mali se les dio muy bien. Era tan fácil como había dicho Saskia, y, cuando se secaron las gotas de cera, las niñas cortaron un marco para la decoración de la ventana. Ahí les ayudó un poco Saskia. Luego les tocó a Lilli e Imke. Cuando Matze, Felicitas, Elise y los demás niños más mayores hubieron acabado también, colgaron todos los cuadros juntos en la ventana. Y con la luz se iluminaron todos los colores.

Nina había pintado faroles en cartulinas oscuras con los niños más pequeños. Y también era fantástico ver cómo se iluminaban todos los colores. A continuación, las dos educadoras colocaron las sillas en un círculo y todos los niños se sentaron. "En otoño, los días son cada vez más cortos", explicó Nina. "Eso es porque la tierra está en diagonal respecto al sol. La zona que el sol ilumina en verano siempre es mayor que a la que llega en invierno. También por eso hace más frío en invierno que en verano. Hoy hablaremos de la luz y de lo que ilumina nuestra vida. ¿Alguien tiene alguna idea de qué se puede hacer cuando los días son más cortos y tarda en hacerse de día por la mañana y se hace muy pronto de noche por la tarde?", les preguntó a los niños. "Pues se puede encender la luz, digo yo", dijo Matze. "A mí me encantan las velas", dijo Imke. "Tenemos una en la mesa y la encendemos a la hora de cenar". "Muy cierto, ¡las velas dan una luz muy bonita!", exclamó Nina. "¿Y cuándo se encienden un montón de velas?"

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"¡En los cumpleaños!", gritó Felicitas. Se acordaba perfectamente, porque solo hacía unas semanas que había celebrado que cumplía cuatro años. "Hay velas en la iglesia y en el cementerio", dijo Mali. "Cuando vamos de visita a la tumba de mi abuelo, encendemos siempre una vela." "Sí, se trata de una costumbre muy antigua. Sirve para recordar a quienes ya no están. Pensad en qué fiesta celebraremos en unas pocas semanas." "¡La navidad! En algunos lugares se colocan coronas de Adviento, con velas, y después ¡el árbol de navidad!", exclamó Lilli. "Y en otros sitios desfilan con farolillos en los que hay velas encendidas. ¡O llevan una vara con una vela! Y, por ejemplo, yo tengo un farolillo mágico“, dijo Milla, y les contó a los demás niños cómo era su lamparilla de noche especial. "Es una idea muy bonita", dijo Nina. "Ya veis que la luz tiene una gran importancia para todos: una luz encendida nos hace sentir seguros cuando está oscuro. Encendemos una vela para recordar a nuestros muertos y eso nos consuela. Las luces del árbol de navidad, tanto si son velas de verdad o luces eléctricas, hacen que sintamos que estamos de fiesta. Y hay gente que desfila con farolillos por la calle. Los próximos días los dedicaremos a practicar los villancicos que nos sabemos", les explicó la educadora.

Cuando la fue a recoger su mamá, Mali tiró del jersey de Saskia para preguntarle: "¿Puedo llevarme mi decoración de ventana a casa? Necesito un farolillo mágico." "Así que necesitas un farolillo mágico", dijo Saskia. Mali asintió "Sí, me servirá para esta noche. Pero luego quiero un farolillo mágico que me haga de lamparilla de noche, como el de Milla". "Mali se puso muy contenta cuando Saskia le dio su cuadro. "Lo puedes volver a traer cuando ya no lo necesites, cuando tengas un farolillo mágico que te sirva de lamparilla de noche, y lo colocaremos otra vez en nuestra ventana. Y la semana que viene lo traes, que haremos nuestro desfile de farolillos ¿de acuerdo?" Mali asintió y dijo adiós a Milla con la mano. "¡Hoy seguro que tienes dulces sueños!", le susurró Milla al oído a Mali, muy contenta de haber podido ayudar a su amiga.

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