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Matze, la estrella del fútbol

«¡Qué bien, está saliendo el sol!», grita Matze que, después del almuerzo en la guardería, está sentado jugando en el rincón de la construcción. Por la mañana ha estado lloviendo, pero ahora apuntan los primeros rayos de sol entre las nubes y esto hace brillar los charcos delante del recinto de la guardería y del prado. «¡De acuerdo, niños, hora de recoger!», les dice la educadora Nina. «El que haya terminado puede abrigarse y salir fuera.»

Ahora Felicitas se levanta de golpe. Estaba mirando libros con dibujos con Lilli e Imke pero sale corriendo hacia el colgador. «¡Espera! ¡Deberíamos recoger todo esto!», la llama Lilli. Pero Felicitas ya ha desaparecido. «No te preocupes», dice Imke, «ya lo recogemos nosotras dos» Las niñas ponen los cuentos en la caja y se dirigen también hacia el colgador. Aquí hay mucho movimiento porque después de la mañana pasada por agua todos quieren salir fuera rápidamente.

Cuando Imke y Lilli salen de la casa, ven que Matze y Felicitas ya han cogido la pelota de fútbol. «Hoy haremos un partido de fútbol chulísimo», dice Matze. «Imke, Lilli, queréis jugar, ¿no?» Imke dice que sí con la cabeza y estira a Lilli hacia Matze y Felicitas. También salen de la casa Mali y Elise. Matze les hace rápidamente un gesto con las manos para que se acerquen y divide los equipos: «Imke y Lilli juegan conmigo, Mali y Elise juegan con Felicitas», decide él. «Una lástima que Milla no esté aquí», dice Felicitas. «Sí, es verdad», constata Matze. «Juega bastante bien. Pero ya sabes que ha ido a visitar a su papá. Vive en otra ciudad y no puede verlo muy a menudo. Pero Milla estará de vuelta el lunes y podrá jugar con nosotros otra vez.»

Los niños se van con la pelota al prado. Imke se da cuenta de que la hierba aún está bastante mojada. «¿Quieres hacer tú de portera?», le pregunta a Lilli, que se muestra tímida y luego asiente dudosa. «Es que no sé jugar bien a fútbol», dice luego. «Al menos es lo que dice mi hermano mayor.»

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«¡Bobadas, seguro que nos lo pasaremos muy bien!», intenta animarla Imke.

Y empiezan a jugar: en una portería está Lilli, en la otra, Elise. Felicitas recibe la pelota, su equipo va a empezar. Se la pasa a Mali y sale corriendo. Pero resbala en el césped mojado y casi se cae al suelo. Con dificultad consigue mantener el equilibrio. Cuando levanta la mirada hacia Mali, ve que Matze ya le ha quitado la pelota. «¡Pero bueno!», suelta Felicitas y sale corriendo inmediatamente detrás de él. Pero Matze le llevaba ventaja, tira a portería y... «¡Goool!» Matze, Imke y Lilli dan gritos de júbilo. «¡Soy realmente una estrella del fútbol!», presume Matze. Pero Felicitas se enfada: «¡Sólo ha hecho un gol porque casi me he resbalado!» 

Ahora todos van con cuidado y continúan el juego con largas pasadas de un lado para otro. A veces Imke está en posesión de la pelota, otras Matze o Mali. De repente, Felicitas se precipita hacia la portería contraria y tira. Pero la pelota le resbala, tira con poca fuerza y Lilli puede pararla bien. «¡Perfecto!», grita Imke. «Ves como sí que puedes jugar al fútbol. ¡Ya se lo puedes contar a tu hermano mayor!», añade. Lilli sonríe satisfecha. Pero, claro, Felicitas se enfada otra vez.

Un poco más tarde se le vuelve a presentar una oportunidad de gol: Mali le pasa la pelota a Felicitas, que sale disparada inmediatamente. Matze corre detrás de ella... y mientras la pelota entra en la portería, él resbala y se cae. «¡Estamos empatados!», grita Felicitas. Elise y Mali también están contentas. A Lilli se la ve un poco asustada pero Imke le dice: «Esta pelota no la podría haber parado nadie, ¡no pasa nada!»

¿Y Matze? Se levanta a duras penas y se mira de arriba abajo: Su ropa está bastante mojada y toda sucia. «Ay, Matze», dice Mali, «no eres una estrella del fútbol, más bien eres una estrella del barro». Todas las niñas se echan a reír a carcajadas. Matze parece enfadado pero luego también sonríe. «¡Se acabó por hoy!», grita Nina y se acerca a los niños que están en el prado. «Hombre, Matze, ¿pero tú has visto qué pinta tienes?», pregunta sorprendida. «¡Pues voy como un profesional del fútbol después de un partido con lluvia!», dice con orgullo y entra con el resto a la casa. 

Quien tenga ganas de imitar la historia, puede hacer una pelota de fieltro… perfecta para los Little Friends.

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