Semana Santa: tiempo para jugar y hacer manualidades

La época de Pascua es un tiempo de vacaciones y de reunirse con la familia para celebrar. Es la mejor ocasión para volver a jugar juntos y pasar muy buenos ratos de diversión.

Cuando los niños corretean por el jardín o por el parque buscando su nido de Pascua, pueden ir brincando como liebres o conejitos a su aire, y de esta manera satisfacen su necesidad de movimiento. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando se han encontrado ya todos los huevos de Pascua? Para que después de la búsqueda de huevos no aparezcan los primeros síntomas del aburrimiento, hemos reunido para ustedes algunas propuestas divertidas de juegos en torno al huevo y al conejito de Pascua.

Para estos juegos resultan particularmente apropiados los huevos duros o también los huevos de chocolate, que pueden ser consumidos con placer después de jugar.

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Correr, saltar y buscar: empieza lo bueno

¿Ya hemos dado una vuelta rápida alrededor de la casa y hemos encontrado el nido con los huevos de Pascua? ¿Qué tal entonces un divertido juego como el Memo de los huevos de Pascua? Si se pintan los huevos de Pascua por parejas de un mismo color y se esconden los huevos separados en el jardín, la búsqueda de los huevos se convierte en un divertido juego: los niños tienen que dejar en su sitio los huevos que hayan encontrado. Solo una vez que hayan dado con dos huevos del mismo color, podrán quedarse ambos y depositarlos en su nido de Pascua.

Otro juego clásico es la carrera de los huevos. Se traza rápidamente un recorrido; cada niño y cada adulto reciben una cuchara sopera o una cuchara de palo. En ella se coloca un huevo y ya da comienzo la carrera y la diversión. Los niños se alegran especialmente si obtienen una cierta “justicia", es decir, si los adultos reciben un huevo duro y los niños una cucharita con un huevo de chocolate.

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Rodar, soplar, repicar: con habilidad, suerte y diversión

Los huevos de Pascua tienen una forma redondeada y ruedan de una manera divertida: es el requisito ideal para pasárselo en grande con ellos. En muchos países, los niños juegan en Semana Santa a hacer rodar los huevos. Donde mejor se juega a este juego es en una pequeña colina o en cualquier pendiente inclinada en la que los jugadores hacen rodar sus huevos cuesta abajo. Gana aquél cuyo huevo haya avanzado más trecho.

Soplar huevos también se puede jugar en interiores cuando el tiempo en la Semana Santa no sea muy bueno. Cada jugador necesita una pajita y un huevo pequeño de chocolate. En una mesa o en la alfombra se marca una línea de salida y otra de meta. A una señal de salida, todos los niños se ponen a soplar los huevos a través de sus pajitas en dirección a la línea de meta. La cosa no es nada sencilla porque los huevos ruedan por donde quieren debido a su forma ovalada. Cuando los jugadores intentan soplar sus huevos de nuevo para "corregirles el rumbo", todos se lo pasan genial.

Repicar huevos es una diversión para toda la familia y para los amigos: dos jugadores se sientan uno frente al otro con un huevo duro cada uno en una mano. Entonces pican las puntas de sus huevos respectivos. Pierde y queda eliminado el jugador a quien se le rompa la cáscara de su huevo. El ganador se busca a otro contrincante con el que poder «repicar». Los niños más pequeños son los que más se divierten en este juego ya que para ganar no son importantes ni la habilidad ni la fuerza. Se convierte en rey o reina de los huevos de Pascua el jugador que al final conserve intacto su huevo.

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Tijeras, pintura, papel: manualidades divertidas sobre los huevos de Pascua

¿Que el tiempo en Semana Santa no es bueno como para desfogarse fuera? No pasa nada: con un poco de cartulina, unas tijeras y pegamento, pueden hacerse algunas cositas muy sencillas y graciosas.

Las hueveras se construyen en un pispás: solo hay que recortar una tira amplia de cartulina y doblarla horizontalmente. Entonces se hace un aro un poco más pequeño que el huevo, y se pegan las puntas. La huevera puede pintarse ahora como se desee y decorarla con orejas de conejo o con pollitos.

Con una hoja de papel blanco y pintura para pintar con los dedos, nuestros «pequeños manitas» pueden pasárselo estupendamente. ¿Qué tal si creamos una divertida imagen mediante huellas dactilares? Muchas pequeñas huellas dactilares de color verde en la parte inferior del papel pueden dar como resultado una pradera de primavera; las huellas dactilares de color amarillo se convierten en graciosos pollitos, y las huellas de muchos colores pueden ser los huevos de Pascua o las flores. Ahora solo hay que pintar algunos contornos y otros detalles con lápices de colores y ya queda lista esta divertida decoración para Pascua. Si los niños pintan sobre cartulina blanca, también pueden crear sus propias postales de Pascua.

El mayor éxito en las decoraciones de Pascua hechas a mano se lo llevan los pollitos-globo y los conejos-globo. Para tal fin se soplan un poco los globos y se les hace un nudo. Con algunas orejas y patitas hechas con cartulina y un tapón de algodón como colita obtenemos un divertido conejito airoso. Los pollitos pueden hacerse con la misma facilidad con pico, plumas y alitas hechas con papel de colores. Quien lo desee puede atar los pollitos-globo con un cordel y colgarlos de lámparas o del techo para dejarlos volar graciosamente.

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