Costumbres internacionales en Semana Santa: algo más que solo conejos

Apenas han pasado las Navidades y ha dado comienzo ya el año nuevo cuando los conejitos de Pascua pueblan todos los supermercados. La Semana Santa sin conejitos ni huevos sería impensable para nosotros en Alemania, pero no para nuestros vecinos europeos. De Escandinavia a Grecia existen más costumbres de Pascua que huevos de colores en el cesto. Acompáñenos en un viaje por el variado mundo de la Semana Santa.

El comienzo de la primavera y la Semana Santa combinan perfectamente como ninguna otra fiesta. En la iglesia cristiana se rememora la muerte y la resurrección de Jesús, y en consonancia con esto, la naturaleza va despertándose a nuestro alrededor. No es de extrañar que la mayoría de nuestras costumbres alemanas en Semana Santa giren justo en torno a este tema.

Las hogueras que se encienden para Pascua en muchas regiones de Alemania durante la vigilia pascual están para significar la expulsión del frío invierno y la devolución del calor a la vida. También los coloridos huevos de Pascua, tan populares en todo el mundo, significan desde siempre una nueva vida y un renacimiento. Sin embargo, el hecho de que por Semana Santa se regalen huevos cocidos y pintados de colores tenía antiguamente también un motivo muy práctico. Según la tradición cristiana, durante el periodo de ayuno de la Cuaresma no debían consumirse huevos ni carne. Pero como las gallinas seguían poniendo huevos, éstos se cocían y así podían conservarse más tiempo. Al final de la época de ayuno, es decir, durante el domingo de Pascua o domingo de Resurrección, había huevos entonces por doquier.

La costumbre de esconder los huevos y otras golosinas en el jardín o en el parque no es muy antigua. En Alemania está registrada por primera vez una búsqueda de huevos durante el domingo de Pascua en el siglo XVII. Además, la búsqueda de huevos es una buena ocasión y una buena excusa para dar un gran paseo de Pascua. Por cierto, en las localidades vecinas a HABA, como Coburg y otras en la Alta Franconia, el conejito de Pascua esconde los huevos ya el día de Jueves Santo.

Ahora bien, ¿de dónde viene realmente el conejito de Pascua? Los eruditos no están todos de acuerdo en esta cuestión. Dependiendo de la región, antiguamente también eran el zorro, el gallo o el cuco quienes escondían los huevos. El conejo, símbolo de la fertilidad y de la primavera, se fue imponiendo con el paso del tiempo, por lo menos en Alemania. En otros países, los niños se alegran con el gallo de Pascua o creen que las campanas de Semana Santa les traen las golosinas.

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Las brujas de Pascua y las varas de abedul: la celebración de la Semana Santa en Escandinavia

La Pascua es el anuncio de la primavera y por toda Escandinavia la gente disfruta de los primeros rayos cálidos del sol que expulsan el largo y frío invierno. ¿En toda Escandinavia? En Noruega, no. Allí la gente hace justo lo contrario y sigue a la nieve en retroceso. Para tal fin, la gente se dirige a las montañas, se refugia en cabañas y celebra allí la Pascua. Suena raro, sí, pero es tal como suena: dicen que el primer noruego, después de la última glaciación, en lugar de mudarse con su clan hacia el sur, se dirigió al norte, hacia los glaciares en retroceso. Con mucha auto-ironía, los noruegos actuales siguen imitando a su antepasado.

En cambio, quien se encuentre en Finlandia durante los días de Semana Santa podría vivir su “maravilla azul”. Los finlandeses “golpetean” amistosamente a sus congéneres con ramitas de abedul, igual que hacen después de la sauna. Dicen que eso les trae suerte. Por otro lado, los huevos en Finlandia los pone el gallo y no el conejo de Pascua.

Igual que ocurre en Finlandia, en los días que van entre el Jueves Santo y el Domingo de Pascua, las chicas en Suecia se disfrazan también de mujeres y de brujas, y van de casa en casa pidiendo dulces. Como “recompensa” entregan pequeñas imágenes pintadas por ellas mismas o felicitaciones. Los niños reciben sus huevos de chocolate el Sábado Santo, y no en un nido sino dentro de un gran huevo de cartón. Beben una bebida dulce llamada “påskmust”,  una limonada especial malteada.

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Donde se entierra el arenque y donde vuelan las campanas: costumbres de Semana Santa desde Irlanda hasta Francia

Antes de que los irlandeses puedan “saquear” el chocolate de sus nidos, tienen que superar primero la Cuaresma, es decir, la época de ayuno. Y cuando acaban esos tiempos “duros”, entierran un arenque como diversión. A menudo, tales entierros del arenque —que no son del todo desinteresados— son organizados por los carniceros locales.

Igual que entre los irlandeses, también en Francia existe la tradición del cordero, ya sea como asado o como figurita de chocolate. También son populares las campanitas de chocolate que los niños alemanes toman anteriormente, durante las Navidades. En Francia son las “campanas volantes” las que traen los huevos y los dulces, no el conejito de Pascua. Entre el Viernes y el Sábado Santo es tradición que las campanas de las iglesias guarden silencio. Por eso se dice que se fueron volando a Roma. A su regreso traen todo tipo de dulces en el equipaje.

En el cantón de Valais, en Suiza, la gente saluda el Domingo de Resurrección de una manera completamente deportiva: antes de la salida del sol, la gente sale en procesión en dirección a una colina y da la bienvenida a los primeros rayos del sol realizando tres volteretas.

En Polonia, en cambio, quienes celebran la Semana Santa deben llevar consigo un paraguas porque podría suceder que quedaran mojados incluso bajo un cielo azul y un sol radiante. Y es que en el “lunes mojado” los polacos rememoran el bautismo de su primer soberano en el siglo X, y por ello “bautizan” con pistolas y bombas de agua a todos sus paisanos y también a los turistas.

En la República Checa, cuando un joven se encuentra en Semana Santa con una joven, tiene lugar un “trueque” muy especial. El chico  “golpetea” simbólicamente a la chica con una vara de Pascua hecha con ramitas de sauce trenzadas y adornadas. Dicen que así ella recibe algo de la vitalidad y de la energía del árbol y que estará todo el año lozana y feliz. En prueba de agradecimiento, la chica regala al chico un huevo de Pascua pintado.

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Huevos rojos y procesiones: la Semana Santa tradicional en el sur de Europa

En España, la Semana Santa y la fiesta de la Pascua son un imán para los turistas. Cuando las hermandades religiosas se embuten en sus vestimentas con capucha y desfilan por las calles en largas procesiones llevando al mismo tiempo sobre los hombros las figuras sagradas o los símbolos del Vía Crucis, uno se siente transportado a épocas del pasado. Que las cosas no tienen por qué ser necesariamente serias lo demuestran los cantores catalanes de caramellas. Niños y adultos desfilan por las calles y no siempre  cantan solo canciones religiosas. Como “recompensa” reciben huevos, butifarras y dulces.

Quien celebra la Pascua en Italia debe armarse de paciencia. Durante las procesiones tradicionales, los fieles avanzan a veces con tal lentitud que necesitan varias horas para recorrer un kilómetro. A quien aguanta se le recompensa con la “colomba pasquale” (la paloma pascual), un pastel elaborado con masa de levadura y que tiene forma de paloma y está relleno de todo tipo de frutas escarchadas, pasas de Corinto y almendras.

En Grecia puede que la Semana Santa sea incluso la fiesta más importante del año. En consonancia con ello hay innumerables tradiciones y comidas de Pascua. Divertida es la costumbre de “golpear huevos”: el Jueves Santo se cuecen los huevos y se pintan de color rojo. Durante las fiestas de la Semana Santa, la gente golpea su huevo contra el huevo de otra persona. Gana quien conserva intacto su huevo. Quien quiera participar en esta fiesta debería observar con mucha atención el huevo de su contrincante, pues hay algunos bromistas que aparecen con huevos de madera pintados de rojo.